Sí, según la Federación de Medicina del Deporte.

Mientras que en el sujeto sedentario el equilibrio nitrogenado se logra con un porcentaje de un 8-10% de las calorías totales derivadas de las proteínas, en el deportista, este equilibrio puede verse multiplicado por dos, es decir, entre un 15 y un 20% del total energético.

Así pues, en un deportista que necesita 4.000 kcal/día, el 15% serían 600 kcal derivadas de proteínas que, si tenemos en cuenta que 1 g de proteína corresponde a 4 kcal, supondría un aporte proteico de 600/4 = 150 g. Por tanto, si pesa 80 kg serían 150/80 = 1,8 g/kg/d. En este contexto, mantener una baja ingesta de grasa es obligado y, teniendo en cuenta que las proteínas normalmente van asociadas a grasa (fundamentalmente animal),

 

“es habitual considerar los suplementos de 100% proteína (exenta de grasa) como una buena manera de llegar a la cifra de ingesta de 1,8 g/kg/día con un máximo del 30% de kcal derivadas de la grasa”

La mayoría de las enzimas implicadas en la síntesis proteica a nivel celular actúan a la máxima velocidad cuando la concentración intracelular de aminoácidos (AA) está entre 10 y 30 μM (generalmente esos niveles están mucho más altos). Además, el aumento de la síntesis proteica ocurre tras la ingesta de comidas que contienen HC, como consecuencia del efecto insulinotrópico de dicha mezcla.

“Después de un esfuerzo físico intenso lo ideal es tomar HC y algo de proteína (nada de grasa). Un bocadillo de lomo (70 g de pan y 40 g de lomo embuchado) proporciona unas 328 kcal y un total de 18 g de proteína junto a 9 g de grasas (28% del total de la energía).”

Por el contrario, 40 g de un suplemento facilitado por la tecnología actual, como es el aislado de suero de leche con maltodextrina (10 g de suero de leche; 5 g de fructosa: 5 g de glucosa y 20 g de maltodextrina), tiene 150 kcal y provee 9 g de proteína rica en AA ramificados (996 mg de leucina); 0 de grasa y 30 g de HC de alta carga glucémica (ésta es, por tanto, una ayuda ergogénica eficaz).

 

Fuente: Femede